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miércoles, 20 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros (2013) de Pedro Almodóvar



Es indiscutible que la carrera cinematográfica de Pedro Almodóvar nunca ha estado supeditada a exigencias comerciales o de cualquier otra naturaleza. Si algo ha distinguido su producción hasta la fecha es su total libertad creativa que, casi siempre, ha sido aplaudida por un amplio sector de la crítica y del público. Y es que el cine del director manchego levanta pasiones encontradas entre sus seguidores acérrimos y sus detractores más salvajes. Seguramente a éstos últimos, los que optan por denostar su trabajo, Almodóvar se lo ha puesto muy fácil con Los amantes pasajeros, pues es probablemente su película más floja y menos interesante de toda su carrera. Al verla, uno piensa que ha sido un mero divertimento, un descanso hedonista tras muchas exigentes películas, un simple impasse a la espera de retomar con fuerza su mejor cine. Pero no sé qué pensar, pues ya La piel que habito (2011) no me pareció tan buena como algunos nos quisieron hacer creer, de lo que puedo deducir que Almodóvar quizás esté atravesando un importante bache creativo. El tiempo nos dará la respuesta.

Tras un prólogo simpático, en la pista de un aeropuerto, con los cameos de Antonio Banderas y Penélope Cruz, actores recurrentes del imaginario almodovariano como otros que aparecen a lo largo del metraje del film, la acción de Los amantes pasajeros transcurre casi íntegramente dentro de la cabina de un avión que realiza la ruta transoceánica desde Madrid a México D.F. Debido a una avería en el tren de aterrizaje, el avión se ve obligado a dar vueltas por el cielo a la espera de encontrar un aeropuerto libre para poder realizar un aterrizaje de emergencia. Entre tanto,  los pasajeros de la clase turista y las azafatas son drogados con tranquilizantes para que puedan dormir durante la situación de crisis y así quitarse de un plumazo su presencia en el desarrollo del relato, una manera de hacerlo, todo sea dicho, muy almodovariana. Los restantes azafatos (Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces) tres gays de muy diferente carácter tratan de tranquilizar a los pocos pasajeros de primera clase con las técnicas más rocambolescas, surrealistas y descerebradas. También se nos va narrando a pinceladas las historias de los pasajeros de primera, pero es tan poco el desarrollo de los personajes que se convierten en meras caricaturas intranscendentes. El humor del film, que en los primeros quince minutos hace gracia, se convierte en repetitivo hasta la saciedad, sucediéndose uno tras otro chistes sobre pollas y mamadas que quizás hace décadas hubieran resultado transgresores pero que hoy en día no escandalizan a nadie. Incluso el guión es un autentico despropósito, introduciendo pasajes que dispersan la trama y llegan a aburrir, como el que protagonizan Paz Vega, Carmen Machi y Blanca Suárez, que flaco favor hacen al conjunto del film. Realmente lo único salvable de Los amantes pasajeros son la música de Alberto Iglesias, algunas interpretaciones como las del trío de auxiliares de vuelo y ese personaje interpretado maravillosamente por Lola Dueñas, que ya puestos se hubiera merecido una película entera.

Almodóvar no consigue ni siquiera divertir con su film. Estéticamente recurre a sus paleta cromática y sus detalles kitsch, cosa que agradecerán sus más fieles fans, pero se sitúa muy lejos de otras comedias anteriores como Laberinto de pasiones (1982) o Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). La verdad, una auténtica decepción.

 

 

3/10

 

 

Daniel Muñoz Ruiz

1 comentario:

  1. Esta película es a Almodóvar lo que "La taberna del Iraladés" fué a John Ford: puro divertimento del dire, sin más pretensiones.

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