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lunes, 28 de octubre de 2013

Turistas (2012) de Ben Wheatley


 
 
La comedia negra es un género cinematográfico que, aunque nunca ha gozado de gran prestigio en la historia del cine, siempre ha contado con gran número de espectadores. El cine británico y el americano han deparado grandes títulos dentro del género y algunos directores prestigiosos, como los hermanos Coen, se convirtieron en maestros con títulos como Arizona Baby (1987) y la gran obra maestra que fue y es Fargo (1996). El film que nos ocupa, Turistas (Sightseers) puede ser considerado dentro del género, aunque la verdad, haga poca gracia. Esta road-movie que pretende ser una comedia negra con tientes surrealistas no comienza mal. De hecho es prometedor el inicio de la película dirigida por el británico Ben Wheatley, en el que presenta a una pareja peculiar, ya no tan jóvenes, que se disponen a comenzar un viaje en caravana para reafirmar su incipiente relación sentimental. Tina (Alice Lowe) es una treintañera solterona que vive anulada por su posesiva madre, con la que vive y que la sigue tratando como si fuera una niña en muchos aspectos. Su novio, Chris (Steve Oram) es un proyecto de escritor del que poco más sabemos, al igual que Tina, que apenas lo conoce. Lo que comienza con unos diálogos brillantes y situaciones cómicas, irá degenerando a medida que los personajes van convirtiéndose en serial killers que asesinan sin ton ni son, repitiendo su absurdo modus operandi por todas las localizaciones turísticas que visitan en su aparentemente romántico viaje. El grueso del film transforma en una sucesión de salvajes asesinatos que ni causan risa ni escandalizan, simplemente aburren al espectador. La pareja protagonista no desprende la química necesaria para conseguir llegar emocionalmente al espectador. Los personajes están tan deshumanizados que mejor hubiera sido convertirlos en cybors al modo Terminator.

El guión, obra de los actores protagonistas, hace aguas por todos lados. Los giros que pretenden impactar no lo consiguen y se advierten descaradamente, por lo que el espectador se pregunta si le están tomando por tonto. La inverosimilitud también se hace dueña del tiempo narrativo, que intenta meter con calzador un montón de acciones en un tiempo del relato demasiado corto. Y para empeorar la cosa, hay un uso del flashback totalmente forzado que termina de ridiculizar por completo el film. Por intentar salvar algo, podemos mencionar la dirección de fotografía y las localizaciones elegidas por el director para contar su historia, lugares turísticos que filma desde un punto de vista nada convencional y que puede ser lo único que intente dar cierta coherencia a su trabajo. Por otro lado, el trabajo de los actores es voluntarioso pero el resultado es desastroso. En ningún momento consiguen hacerse con sus personajes, algo bastante difícil porque carecen de cualquier atractivo y su desarrollo psicológico es bastante pobre y esquemático a lo largo de la hora y media de metraje.

Mi acercamiento a Turistas vino de la mano de algunas buenas críticas que leí. Satírica, gamberra, lírica… adjetivos que no encuentro por ningún lado. Me parece más adecuado calificarla de “broma pesada”, aunque estoy seguro que muchos otros sabrán ver sus exquisiteces, que igual las tiene, pero yo no las veo. Prefiero quedarme con películas como El verdugo (José Luis G. Berlanga, 1963) o El extraño viaje (Fernando Fernán-Gómez, 1964) o algunas aportaciones al género de maestros como Buñuel, Kubrick o Hitchcock, antes que perder el tiempo viendo semejante ejemplo de mal gusto.

 

2/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 5 de octubre de 2013

Eat, Sleep, Die (2012) de Gabriela Pichler


 
 
Inédita hasta el momento en los cines españoles pero con un exitoso paso por festivales internacionales de cine como Toronto, Venecia o el Festival de cine Europeo de Sevilla, donde se alzó con el máximo galardón, Eat, Sleep, Die (Äta sova dö) supone el debut en el largometraje de la joven directora sueca Gabriela Pichler. El film, ambientado en la Suecia actual, narra las peripecias para sobrevivir de Rasa (Nermika Lukac), una joven de origen montenegrino aunque ciudadana sueca de pleno derecho pues llegó al país con tan sólo un año de edad. Muy eficaz en su trabajo en una fábrica en la que se envasan lechugas, su vida se derrumba cuando debido a una reducción de plantilla, la empresa decide echarla a la calle. Rasa, que cuida de su padre enfermo, aprovecha su ausencia (se había marchado temporalmente a Noruega en busca de empleo) para ocultarle su despido, pues a pesar de su juventud, ella siente la responsabilidad de cuidar de los dos con su trabajo. Entonces comienza una búsqueda desesperada por un nuevo empleo en la que nos damos cuenta de las dificultades por las que pasan los inmigrantes en la opulenta sociedad sueca. La crisis que en España está en boca de todos y abre las noticias de los informativos diariamente, no es algo ajeno a otras sociedades europeas en teoría más acomodadas. Pichler pretende mostrar la dura realidad a la que se tienen que enfrentar los desempleados en su país, no sólo los inmigrantes como Rasa, sino también los suecos de mediana edad, pues introduce algún personaje nativo despedido también de la fábrica y que las pasa canutas para encontrar un nuevo trabajo.

El guión de Eat, Sleep, Die tiene una estructura sencilla y gusta del costumbrismo a la hora de relatar la realidad vital del personaje de Rasa, protagonista absoluta del drama que contemplamos. El elenco artístico está formado por actores no profesionales y se nota tanto para bien como para mal. Para la directora son muy fáciles de dirigir y extraer de ellos interpretaciones convincentes, pero en ciertas ocasiones se les adivina una mecanización inconcebible para un actor profesional. No obstante, el film es muy sincero y consigue la identificación emocional con la protagonista, cuyo trabajo resulta sorprendente y lo más atractivo de la película. La realización se apoya en los planos con cámara al hombro, movimientos nerviosos que logran sobredimensionar situaciones de lo más triviales como por ejemplo el trabajo monótono de los empaquetadores en la fábrica.

Más cercano al cine de los Hermanos Dardenne que al del director finlandés Aki Kaurismäki, por poner dos casos en los que el desempleo es el tema principal y los obreros sus protagonistas, el film pretende criticar la situación social de Suecia en la actualidad, bastante desconocida en otros países europeos como en España, en la que estoy seguro de que si preguntáramos a la gente, la mayoría diría que allí no tiene problemas de desempleo (con esto no quiero minimizar la crisis española, que conste). Eat, Sleep, Die es otra muestra de cine europeo que no da la espalda a la realidad social. Valiente aunque con una resolución conservadora, la película de Gabriela Pichler resulta interesante, pues hará reflexionar seriamente al espectador que llegue a verla.

 

7/10

 

 

Daniel Muñoz Ruiz