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lunes, 24 de febrero de 2014

Nebraska (2013) de Alexander Payne


El último film del director norteamericano Alexander Payne es cine con letras mayúsculas. Todo lo que debería pedírsele a una gran película podemos encontrarlo en Nebraska y, sin embargo, mantiene su condición de sencillez a pesar de tratar temas tan profundo. Tras Los descendientes (2011), una muy buena película que también trata temas familiares, Payne viaja a la América profunda, a los pueblos dónde la gente se conoce y se saludan por las calles, a las Grandes Llanuras del Medio Oeste con su gran variedad de paisajes. El film comienza con un anciano caminando por una transitada autopista con paso lento pero decidido hasta que una patrulla policial lo detiene. Su intención, recorrer los mil kilómetros que separan su localidad de residencia, Billings, Montana, hasta Lincoln, la capital de Nebraska, para recoger un supuesto premio de un millón de dólares con el que ha sido agraciado, pero que no es más que una estrategia publicitaria de una revista para conseguir subscriptores. El anciano se llama Woody Grant (Bruce Dern) y es alcohólico, testarudo y tiene con claros síntomas de demencia senil. Su hijo David (Will Forte) cuya vida personal no es muy estable que digamos, decide apoyar la fantasía de su padre y llevarlo en coche hasta Nebraska, ante la rotunda negativa de su madre Kate (June Squibb). El viaje que emprenden padre e hijo servirá a David para conocer un poco más a su padre, un hombre difícil y cerrado que en el ocaso de su vida comprende que ha cometido muchos errores aunque nunca los haya reconocido. En su recorrido harán una parada en el pueblo natal de Woody para visitar a su peculiar familia a la que hace muchos años que no ve. Esta reunión familiar, a la que se unen posteriormente Kate y su otro hijo Ross (Bob Odenkirk) fortalecerá los lazos afectivos de los cuatro ante la poca ética que demuestran el resto de su familia al intentar beneficiarse del supuesto millón de dólares ganado por Woody.

Payne trabaja por primera vez con guión ajeno, magníficamente creado por Bob Nelson. Sin embargo, Nebraska tiene todos los rasgos autorales del cine de Payne: su cuidada puesta en escena con bellos encuadres, excepcional tratamiento de la fotografía, esta vez en un exquisito blanco y negro gracias al trabajo de Phedon Papamichael, humor agridulce creado por situaciones sainetescas (impagable la escena de la dentadura y la del cementerio) y una sobresaliente dirección de actores. Y es que el apartado de las interpretaciones es de suma importancia pues la historia consigue llegarnos al corazón sobre todo por el magnífico trabajo de los actores, desde los protagonistas Bruce Dern y Will Forte, hasta los secundarios June Squibb, Bob Odenkirk (Saul Goodman de la serie Breaking Bad) o Stacy Keach (el ideólogo neonazi de American History X). No en vano, Dern se alzó con el Premio al Mejor Actor en el pasado Festival de Cannes y cuenta con nominaciones a los Oscar en las categorías de Mejor Actor Protagonista (Dern) y Mejor Actriz de Reparto (Squibb).

El final de Nebraska es uno de los más emotivos que he visto en los últimos años y del cual no quiero decir nada que pueda chafar a quienes leen esto y no han visto la película. De forma ingeniosa pero sencilla, Payne logra emocionar al espectador con el desenlace final de esta historia de relaciones paterno-filiales y más en general familiares, dejándonos conmovidos sin necesidad de desatar un melodrama al uso en busca de la lágrima fácil. Nebraska es un film maduro, honesto, emotivo, sublime, en dos palabras es puro cine.


9/10




Daniel Muñoz Ruiz

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