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jueves, 17 de diciembre de 2015

The Assassin (2015) de Hou Hsiao-Hsien




Viendo los carteles e imágenes promocionales del último film dirigido por el taiwanés Hou Hsiao-Hsien a cualquier espectador se le vienen a la cabeza películas del estilo de Tigre y dragón (2000, Ang Lee) o Hero (2002, Zhang Yimou), es decir, un film wuxia (género de artes marciales) cargado de aventuras y trepidantes escenas de acción. The Assassin (Nie yin niang, 2015) no satisfará a los deseosos de contemplar patadas, saltos y puñetazos por doquier, pues apenas presenta cuatro o cinco escenas de combates que no resultan tan largas y apabullantes como las de las obras mencionadas con anterioridad. Nie Yinniang (Shu Qi) es la asesina que da título al film, una joven desterrada que ha sido entrenada por una “monja” para convertirse en un arma de lo más mortífera. Tras un bello prólogo en blanco y negro y con formato 1,33:1 que sirve para presentarnos a la protagonista, las imágenes del film pasan a color y tamaño panorámico y comienza la narración de la historia que nos sitúa en la decadencia de la dinastía imperial Tang en la China del siglo IX mientras el reino de Weibo se alza desafiante ante el poder del Emperador. Tal reino es gobernado con mano férrea por Tian Ji’an (Chang Chen), primo de Yinniang y a la postre su antiguo prometido, cuyo matrimonio nunca se celebró al casarse este con una princesa por orden de su familia. Tras 13 años de exilio, Yinniang vuelve a Weibo con la misión de asesinar a Tian Ji’an, pero el amor le impedirá llevar su empresa a buen puerto.

El guion de The Assassin no responde a una estructura clásica. De hecho, podemos catalogarlo de confuso y raquítico narrativamente. Sin embargo, la narración es un mero pretexto para el torrente de belleza, misterio y paz que transmiten sus poderosas imágenes. Hou sincroniza la puesta en escena al milímetro, preocupándose especialmente por una cuidada dirección artística y una fotografía fuera de serie. El encargado de tal maravilla es el director de fotografía habitual del autor taiwanés, Mark Lee Ping Bing, co-responsable, junto a Christopher Doyle,  de las imágenes de aquella obra maestra que es Deseando amar (In the Mood for Love, 2000, Wong Kar-Wai). La paleta cromática del film abarca todo la mayor parte del espectro del arcoíris, destacando los colores cálidos en las escenas interiores que resultan muy estimulantes para la percepción espectatorial. A pesar de ser una película formalista, la transcendencia de las interpretaciones no sufre demasiado perjuicio. La actriz Shu Qi y su lacónica interpretación de la asesina enamorada resulta sensacional y Chang Chen, uno de los mejores actores asiáticos contemporáneos, importante colaborador de Wong Kar-Wai y que ha trabajado con grandes y variopintos directores como Kim Ki-duk, John Woo o Ang Lee, borda el pequeño papel de déspota oscuro y visceral que supone el personaje de Tian Ji’an. La química entre ellos está fuera de toda duda, como ya demostraron hace años en otro magnífico film de Hou, Tiempos de amor, juventud y libertad (Three Times, 2005), en la que daban vida a una pareja de amantes en tres épocas diferentes.

Después de siete años tras su último trabajo largometraje, Hou Hsiao-hsien ha conseguido que la espera mereciera la pena, firmando (quizá) su mejor película. Apabullante audiovisualmente, The Assassin encierra tras sus poéticas imágenes, una triste y bella historia de amor imposible sazonada con algunas escenas de artes marciales. Una última advertencia: para el espectador ávido de acción y emociones fuertes le recomendaría que no las buscara en este film y que viera en cambio la muy entretenida pero algo vacía Mad Max: Furia en la carretera (2015, George Miller), también estreno de este año.

10/10


Daniel Muñoz Ruiz




miércoles, 29 de julio de 2015

Red Army (2014) de Gabe Polsky




“Hay tres cosas que no se pueden ocultar en esta vida: el sol, la luna, y la verdad”. Esta enigmática última frase con la que se cierra el film documental que nos ocupa, bien podría resumir su tema principal. La verdad sobre las relaciones entre la política y el deporte en el extinto régimen soviético. Red Army narra la historia del equipo de hockey sobre hielo más exitoso de la historia, la selección nacional de la URSS, que durante los años 70 y 80 ganó cuatro medallas de oro olímpicas y multitud de campeonatos del mundo. Una selección cuya supremacía mundial fue tomada por los dirigentes soviéticos como bandera de su supuesta superioridad sobre el mundo capitalista y utilizada como uno de los más poderosos y eficaces instrumentos de propaganda política. Sin embargo, estos éxitos deportivos escondían una oscura verdad, el sometimiento de los jóvenes jugadores de hockey a las durísimas reglas y condiciones que el régimen aplicaba a todos los campos de la vida.

Para narrar la historia, el director Gabe Polsky se sirve fundamentalmente del testimonio de la estrella del equipo del Ejército Rojo, Vyacheslav “Slava” Fetisov, que de forma irónica, seria y reflexiva en muchos momentos, va desgranando cronológicamente los avatares que sufrieron los componentes del equipo y principalmente él mismo por ser el capitán y estrella principal de la selección, sumido en la encrucijada entre el patriotismo ciego y la lucha por sus intereses individuales. Sus parlamentos más o menos extensos son intercalados con otras entrevistas al resto de integrantes del conocido como The Russian Five, Alexei Kasatonov, Igor Larionov, Sergei Makarov y Vladimir Krutov, así como al portero Vladislav Tretiak. Además, el director otorga voz a periodistas deportivos (uno ruso y otro americano), a familiares de los jugadores, un ex alto cargo de la KGB y a un par de rostros conocidos como el campeón mundial de ajedrez Anatoly Karpov y el legendario entrenador de hockey canadiense Scotty Bowman. Todo ello con la intención de ofrecer una visión poliédrica del periodo histórico y los sucesos tratados por el documental. Muestra las dos etapas vividas por la Red Army, la primera bajo las órdenes del entrenador Anatoly Tarasov, que fue el verdadero cerebro detrás de la creación y consolidación del estilo de juego del equipo, y la segunda bajo el intransigente y a veces inhumano mando de Viktor Tikhonov, nombrado sustituto de Tarasov por la KGB y que implantó unos severos métodos de entrenamiento, como concentrar a los jugadores once meses aislados de sus familiares y amigos.

Apadrinado por el director Werner Herzog, que firma como productor ejecutivo, el film recurre a las más novedosas técnicas de tratamiento digital de imágenes y a un extenso material de archivo que pocas veces han visto los que no son seguidores de este deporte. Polsky logra insuflar a su película el ritmo vertiginoso que crea tensión e intriga en el espectador por conocer el final de la historia. En este sentido, se trata de un documental que en apariencia puede resultar clásico, por la sucesión de entrevistas e imágenes que ilustran el texto, pero que en su esencia se muestra como un film tremendamente moderno, deudor en parte del estilo marcado por Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012) y otros tantos documentales recientes.

Seguramente, los lectores de esta humilde crítica consideren la puntuación que le otorgo al film totalmente desorbitada. La causa principal es que soy un auténtico fan del hockey sobre hielo desde hace muchos años y eso le añade valor extra a su calificación final. Aun así, cualquier profano en este deporte sabrá sacar jugo de este film porque en realidad es una historia humana y política sobre la tenebrosa época final de la URSS, narrada con vigor y construida con un envoltorio de qualité que hará las delicias del espectador más riguroso.


10/10



Daniel Muñoz Ruiz





martes, 14 de julio de 2015

El año más violento (2014) de J.C. Chandor




Nueva York, 1981. Estadísticamente, este fue el año en el que se registraron más muertes violentas, robos, violaciones, etc., en la historia reciente de la ciudad de los rascacielos. La delincuencia organizada extendía sus tentáculos en la vida económica y política de la ciudad mientras la pequeña delincuencia no paraba de crecer alarmantemente. J.C. Chandor sitúa su relato en esta convulsa época para entregarnos un thriller sobre el sueño americano, algo que hemos visto mil veces en la cinematografía hollywoodiense. Sin embargo, El año más violento no es uno de esos filmes al uso, de esos que nos describen con todo lujo de detalles las atrocidades que puede cometer una persona para abrirse camino hacia el éxito a través de la violencia. No, la película de Chandor es un soberbio retrato del triunfador hecho a sí mismo sin renunciar a sus convicciones morales. Abel Morales (Oscar Isaac) es un emigrante latino dueño de una empresa de distribución de combustible que pretende expandir su negocio comprando unos terrenos colindantes al puerto propiedad de unos comerciantes judíos. Para ello necesita una gran suma de dinero que pide a los bancos, como cualquier empresario limpio, en lugar de utilizar otros medios ilegales, cosa que podría, pues su esposa Anna (Jessica Chastein) es hija de un conocido mafioso irlandés. Pero cuando cierra el trato con los judíos y todo parece que va viento en popa, surgen dos problemas de distinto calado pero ambos muy importantes. Uno: la fiscalía comienza a investigarle por irregularidades en las cuentas de su empresa. Dos: sus camiones son robados día sí y día no por violentos ladrones que tienen atemorizados a sus empleados. Pero Abel no pierde la calma e intenta solucionar esto contratiempos sin renunciar a su honestidad y honradez. ¿Será capaz de conseguirlo?

El guion de El año más violento es académico pero al mismo tiempo reserva algunas ases en su manga que sorprenderán al espectador más exigente. Las tramas fluyen con facilidad y los diálogos son abundantes y totalmente justificados. Narrativamente, el filme es lento, pero se ajusta a la perfección con la historia que se nos cuenta y con la intención del director, que es construir un personaje paradigma de la decencia y no la de mostrar claramente el mundo corrupto que le rodea. A este respecto cabe destacar la conexión que mantiene la familia Morales con el mundo del crimen organizado a través del padre de Anna. Pero sólo es mencionado, nunca mostrado, ese mundo mafioso irlandés permanece siempre fuera de campo en el filme de Chandor, que por el contrario, sí nos enseñará otros entresijos corruptos dentro de la policía y la competencia empresarial que sufre Abel. La puesta en escena es más bien clásica, con bastantes planos secuencia de composición milimétrica, acompañados por un tratamiento fotográfico muy oscuro en interiores y grisáceo en exteriores, que imprimen al conjunto de las imágenes y al tono de la película en general un look característico del mejor cine negro. Los actores protagonistas brillan a gran altura. Oscar Isaac recuerda al mejor Al Pacino dando vida a Michael Corleone. Su composición del incorruptible y sacrificado Abel Morales es memorable. ¿Y qué decir de Jessica Chastain? Su personaje de amante esposa y madre esconde una cara oculta y bastante despreciable que va saliendo a la luz a medida que avanza el relato. Tanto Chastain como Isaac fueron ninguneados en la última edición de los Oscar, aunque cabe señalar que la actriz consiguió una más que merecida nominación al Globo de Oro.

Cine de género al más puro estilo de Scorsese, Coppola o Lumet, emparentado también con sus contemporáneos James Gray y Andrew Dominik. Una película imprescindible para el amante del buen cine.



9/10




Daniel Muñoz Ruiz



 Ficha IMDb

martes, 30 de junio de 2015

El niño 44 (2015) de Daniel Espinosa


“No hay crimen en el paraíso”. Con esta tajante afirmación comienza El niño 44, adaptación de la novela homónima de Tom Rob Smith que, ambientada en su mayor parte en los últimos años del terrible gobierno de Stalin en la U.R.S.S., tiene la originalidad de situar los asesinatos reales de Andrei Chikatilo, “El Carnicero de Rostov”, en dicha época convulsa cuando en realidad tuvieron lugar desde finales de los 70 y a lo largo de los 80. Psycho killers han existido en todas las épocas y sociedades pero en el supuesto paraíso soviético el mismo estado negaba su existencia pues atribuía esta enfermedad a los efectos que provocaba el capitalismo occidental. Así, cuando el policía secreta miembro del MGB (antecesor del famoso KGB) Leo Demidov (Tom Hardy) se topa con el caso de la muerte del hijo de un compañero suyo, su superior, el Mayor Kuzmin (Vincent Cassel) le exhorta a dar carpetazo al asunto y tratar la muerte como un accidente, pues “no existe el asesinato en el régimen soviético”. Sin embargo, Leo sabe perfectamente que el niño ha sido asesinado y desafía su propio sentido de la lealtad al régimen estalinista iniciando una investigación. Las consecuencias de tal provocación no se hacen esperar y pronto su esposa Raisa (Noomi Rapace) será acusada de traición al estado, simplemente porque alguien ha pronunciado su nombre sin prueba alguna. Leo decide no denunciarla por amor (ella más bien le teme) y ambos son desterrados a la remota ciudad de Volsk perdiendo todos los privilegios de los que gozaban en Moscú. Allí, aparece otro niño asesinado en circunstancias parecidas y Leo pone en pie su caso con la ayuda de su nuevo jefe, el General Nesterov (Gary Oldman), enfrentándose a las autoridades empeñadas en echar tierra sobre las terribles muertes de niños.

Es una pena que el guion adaptado por Richard Price, que siempre tendrá mi admiración por ser uno de los guionistas de la serie The Wire (2002-2008), sea tan difuso e intente abarcar más de lo que puede. Salta de una trama a otra sin profundizar, del espionaje a los asesinatos, de la relación amorosa a las motivaciones del psicópata, pero sin darle a ninguna la suficiente importancia. Todo esto hace que la narrativa sea demasiado densa y el espectador se pierda en minucias en lugar de concentrarse en la trama verdaderamente interesante, amén de multitud de clichés que introduce. Tampoco ayuda nada la puesta en escena del joven director sueco de padre chileno Daniel Espinosa, especializado en cine de acción con títulos como El invitado  (2012) o Dinero fácil (2010), que se empeña en desmantelar la intriga del filme dando rienda suelta a sus fantasías visuales como en un par de escenas de lucha en las que ni siquiera se distinguen los cuerpos de los actores. Con mucho, la dirección de Espinosa es lo más fallido del filme, que seguramente en otras manos estaríamos hablando de una película mucho más brillante. Igualmente, otro director hubiera sacado más partido de grandes actores como Hardy, Oldman o Rapace que están correctos pero sin deslumbrar.

Resumiendo, el planteamiento de la película es muy estimulante pero nuestras expectativas se van diluyendo a medida que avanza el relato hasta llegar a un desenlace muy desencantador. El niño 44 es otro ejemplo del cine de Hollywood que entretiene pero no convence. Si alguien quiere ver una película de intriga y asesinatos diferente, les recomiendo la película china Black Coal (2014), que, por cierto, también se desarrolla en un régimen comunista, ¿o no?


5/10



Daniel Muñoz Ruiz



lunes, 9 de febrero de 2015

Las mejores películas estrenadas en España en 2014 (de las que he visto)




(1) The Grandmaster de Wong Kar-wai.
(2) El gran hotel Budapest de Wes Anderson.
(3) Nebraska de Alexander Payne.
(4) Dos días, una noche de Jean-Pierre y Luc Dardenne
(5) La isla mínima de Alberto Rodríguez.
(6) Jauja de Lisandro Alonso.
(7) Ida de Pawel Pawlikowski.
(8) Un toque de violencia de Jia Zhang Ke.
(9) Boyhood de Richard Linklater.
(10) Frances Ha de Noah Baumbach.