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miércoles, 29 de julio de 2015

Red Army (2014) de Gabe Polsky




“Hay tres cosas que no se pueden ocultar en esta vida: el sol, la luna, y la verdad”. Esta enigmática última frase con la que se cierra el film documental que nos ocupa, bien podría resumir su tema principal. La verdad sobre las relaciones entre la política y el deporte en el extinto régimen soviético. Red Army narra la historia del equipo de hockey sobre hielo más exitoso de la historia, la selección nacional de la URSS, que durante los años 70 y 80 ganó cuatro medallas de oro olímpicas y multitud de campeonatos del mundo. Una selección cuya supremacía mundial fue tomada por los dirigentes soviéticos como bandera de su supuesta superioridad sobre el mundo capitalista y utilizada como uno de los más poderosos y eficaces instrumentos de propaganda política. Sin embargo, estos éxitos deportivos escondían una oscura verdad, el sometimiento de los jóvenes jugadores de hockey a las durísimas reglas y condiciones que el régimen aplicaba a todos los campos de la vida.

Para narrar la historia, el director Gabe Polsky se sirve fundamentalmente del testimonio de la estrella del equipo del Ejército Rojo, Vyacheslav “Slava” Fetisov, que de forma irónica, seria y reflexiva en muchos momentos, va desgranando cronológicamente los avatares que sufrieron los componentes del equipo y principalmente él mismo por ser el capitán y estrella principal de la selección, sumido en la encrucijada entre el patriotismo ciego y la lucha por sus intereses individuales. Sus parlamentos más o menos extensos son intercalados con otras entrevistas al resto de integrantes del conocido como The Russian Five, Alexei Kasatonov, Igor Larionov, Sergei Makarov y Vladimir Krutov, así como al portero Vladislav Tretiak. Además, el director otorga voz a periodistas deportivos (uno ruso y otro americano), a familiares de los jugadores, un ex alto cargo de la KGB y a un par de rostros conocidos como el campeón mundial de ajedrez Anatoly Karpov y el legendario entrenador de hockey canadiense Scotty Bowman. Todo ello con la intención de ofrecer una visión poliédrica del periodo histórico y los sucesos tratados por el documental. Muestra las dos etapas vividas por la Red Army, la primera bajo las órdenes del entrenador Anatoly Tarasov, que fue el verdadero cerebro detrás de la creación y consolidación del estilo de juego del equipo, y la segunda bajo el intransigente y a veces inhumano mando de Viktor Tikhonov, nombrado sustituto de Tarasov por la KGB y que implantó unos severos métodos de entrenamiento, como concentrar a los jugadores once meses aislados de sus familiares y amigos.

Apadrinado por el director Werner Herzog, que firma como productor ejecutivo, el film recurre a las más novedosas técnicas de tratamiento digital de imágenes y a un extenso material de archivo que pocas veces han visto los que no son seguidores de este deporte. Polsky logra insuflar a su película el ritmo vertiginoso que crea tensión e intriga en el espectador por conocer el final de la historia. En este sentido, se trata de un documental que en apariencia puede resultar clásico, por la sucesión de entrevistas e imágenes que ilustran el texto, pero que en su esencia se muestra como un film tremendamente moderno, deudor en parte del estilo marcado por Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012) y otros tantos documentales recientes.

Seguramente, los lectores de esta humilde crítica consideren la puntuación que le otorgo al film totalmente desorbitada. La causa principal es que soy un auténtico fan del hockey sobre hielo desde hace muchos años y eso le añade valor extra a su calificación final. Aun así, cualquier profano en este deporte sabrá sacar jugo de este film porque en realidad es una historia humana y política sobre la tenebrosa época final de la URSS, narrada con vigor y construida con un envoltorio de qualité que hará las delicias del espectador más riguroso.


10/10



Daniel Muñoz Ruiz





martes, 14 de julio de 2015

El año más violento (2014) de J.C. Chandor




Nueva York, 1981. Estadísticamente, este fue el año en el que se registraron más muertes violentas, robos, violaciones, etc., en la historia reciente de la ciudad de los rascacielos. La delincuencia organizada extendía sus tentáculos en la vida económica y política de la ciudad mientras la pequeña delincuencia no paraba de crecer alarmantemente. J.C. Chandor sitúa su relato en esta convulsa época para entregarnos un thriller sobre el sueño americano, algo que hemos visto mil veces en la cinematografía hollywoodiense. Sin embargo, El año más violento no es uno de esos filmes al uso, de esos que nos describen con todo lujo de detalles las atrocidades que puede cometer una persona para abrirse camino hacia el éxito a través de la violencia. No, la película de Chandor es un soberbio retrato del triunfador hecho a sí mismo sin renunciar a sus convicciones morales. Abel Morales (Oscar Isaac) es un emigrante latino dueño de una empresa de distribución de combustible que pretende expandir su negocio comprando unos terrenos colindantes al puerto propiedad de unos comerciantes judíos. Para ello necesita una gran suma de dinero que pide a los bancos, como cualquier empresario limpio, en lugar de utilizar otros medios ilegales, cosa que podría, pues su esposa Anna (Jessica Chastein) es hija de un conocido mafioso irlandés. Pero cuando cierra el trato con los judíos y todo parece que va viento en popa, surgen dos problemas de distinto calado pero ambos muy importantes. Uno: la fiscalía comienza a investigarle por irregularidades en las cuentas de su empresa. Dos: sus camiones son robados día sí y día no por violentos ladrones que tienen atemorizados a sus empleados. Pero Abel no pierde la calma e intenta solucionar esto contratiempos sin renunciar a su honestidad y honradez. ¿Será capaz de conseguirlo?

El guion de El año más violento es académico pero al mismo tiempo reserva algunas ases en su manga que sorprenderán al espectador más exigente. Las tramas fluyen con facilidad y los diálogos son abundantes y totalmente justificados. Narrativamente, el filme es lento, pero se ajusta a la perfección con la historia que se nos cuenta y con la intención del director, que es construir un personaje paradigma de la decencia y no la de mostrar claramente el mundo corrupto que le rodea. A este respecto cabe destacar la conexión que mantiene la familia Morales con el mundo del crimen organizado a través del padre de Anna. Pero sólo es mencionado, nunca mostrado, ese mundo mafioso irlandés permanece siempre fuera de campo en el filme de Chandor, que por el contrario, sí nos enseñará otros entresijos corruptos dentro de la policía y la competencia empresarial que sufre Abel. La puesta en escena es más bien clásica, con bastantes planos secuencia de composición milimétrica, acompañados por un tratamiento fotográfico muy oscuro en interiores y grisáceo en exteriores, que imprimen al conjunto de las imágenes y al tono de la película en general un look característico del mejor cine negro. Los actores protagonistas brillan a gran altura. Oscar Isaac recuerda al mejor Al Pacino dando vida a Michael Corleone. Su composición del incorruptible y sacrificado Abel Morales es memorable. ¿Y qué decir de Jessica Chastain? Su personaje de amante esposa y madre esconde una cara oculta y bastante despreciable que va saliendo a la luz a medida que avanza el relato. Tanto Chastain como Isaac fueron ninguneados en la última edición de los Oscar, aunque cabe señalar que la actriz consiguió una más que merecida nominación al Globo de Oro.

Cine de género al más puro estilo de Scorsese, Coppola o Lumet, emparentado también con sus contemporáneos James Gray y Andrew Dominik. Una película imprescindible para el amante del buen cine.



9/10




Daniel Muñoz Ruiz



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