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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Más allá de las montañas (2015) de Jia Zhang-ke




El cine de Jia Zhang-ke siempre ha mostrado una gran preocupación por la evolución histórica de su país, China, principalmente por el tremendo impacto social producido por los cambios económicos experimentados a ritmo vertiginoso tras el derrumbe del comunismo y el abrazo al neocapitalismo más voraz. En Más allá de las montañas (Shan he gu ren, 2015), el director chino vuelve a explorar esa profunda metamorfosis del país y sus habitantes, en esta ocasión por medio del relato vital de una mujer llamada Tao (Zhao Tao). La película se estructura en tres momentos distintos, narrados de forma cronológica. Estos son: 1999, en la ciudad china de Fenyang (ciudad natal de Jia y bastante representada a lo largo de su carrera cinematográfica), 2014, igualmente en esa ciudad y sus alrededores y, finalmente, 2025, episodio desarrollado casi por completo en Australia.

En el primer bloque encontramos a una joven Tao que se debate entre dos posibles amantes, Liangzi (Liang Jingdong) y Zhang (Zhang Yi), dos polos opuestos que representan el pasado y futuro de la sociedad china de 1999. Liangzi es un modesto minero, humilde, tímido y reservado, mientras que Zhang es el arquetipo de hombre que triunfará con el desarrollo del capitalismo, impulsivo y egoísta. Tao parece quererlos a los dos, pero como sucede con casi todas las relaciones amorosas tarde o temprano, se ve obligada a elegir y escoge como era obvio al triunfador sobre el perdedor. Una enorme elipsis temporal nos conduce al año 2014. Liangzi regresa a Fenyang muy enfermo. Su vida ha cambiado, está casado y tiene un hijo pequeño. También ha sufrido variaciones importantes la vida de Tao, se ha divorciado de Zhang y ha perdido la custodia de su hijo de 7 años, que ahora vive con su padre en Shanghai. Para finalizar, Jia intruduce un tercer episodio, un largo epílogo que sitúa la acción en 2025, un futuro cercano en el que las nuevas tecnologías son imprescindibles para la vida cotidiana y en el que la incomunicación cara a cara se hace más patente, como se observa en la relación entre Dollar, hijo de Tao y Zhang, su padre.

Este conmovedor melodrama logra traspasar las fronteras del género sin llegar a traicionarlo en ningún momento. El personaje de la protagonista está construido de forma muy eficaz para guiar todo el relato por los derroteros, a veces luminosos y otras veces oscuros, de la vida. El trabajo de la actriz Zhao Tao, la gran musa de Jia desde que trabajaron juntos por primera vez en Platform (Zhantai, 2000) y esposa en la vida real desde hace unos años, es sencillamente magistral. Su expresividad logra emocionar al espectador, que ríe, se enfada, llora, con ella. Asimismo, con respecto a la planificación hay que destacar que se percibe una ligera evolución hacia primar al personaje sobre el paisaje dentro del plano, algo distinto a lo que nos tenía acostumbrados el director, que en films como su maravillosa Naturaleza muerta (Sanxia haoren, 2008), daba preponderancia a los planos abiertos y descriptivos. No es que no los encontremos en esta película, pero sí son mucho menos frecuentes. Cabe destacar también la magnífica labor del director de fotografía, su inseparable Nelson Yu Lik-wai, que trabaja en tres formatos distintos, en los tres episodios del film: en 1999 rueda en 1.37:1 (formato rectangular), en 2014 rueda en el formato panorámico 1.85:1 para terminar en el cinemascope (2.35:1) del capítulo final. Esta mezcla de formatos de imagen, además de resultar una referencia clara a la evolución del cinematógrafo, imprime consistencia a los diferentes tiempos de la narración. La música del japonés Yoshihiro Hanno remarca los momentos más emocionales del film y la utilización del tema “Go West” del dúo Pet Shop Boys, tanto al principio como en el punto medio y el final, retrotrae al espectador al sentimiento eufórico encarnado por Tao con el que da comienzo el film.

A pesar de alguna laguna en el guión y del mejorable epílogo, Más allá de las montañas es un poema audiovisual que hipnotizará al espectador que se deje llevar por la propuesta de los personajes. Quizá estamos ante el trabajo más ambicioso y abierto al público masivo de su autor, aunque no pierda su marcada raigambre china. Otra vez más, Jia Zhang-ke lo ha vuelto a lograr.



9/10


Daniel Muñoz Ruiz





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