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jueves, 6 de octubre de 2016

Caballo Dinero (2014) de Pedro Costa




El, hasta el momento, último largometraje del director portugués Pedro Costa, resulta una experiencia cinematográfica totalmente desconcertante. No me malinterpreten. No lo digo en sentido peyorativo. Con Caballo Dinero ocurre lo mismo que, por ejemplo, en muchos pasajes del cine de David Lynch o Luis Buñuel, asumiendo los diferentes rasgos estilísticos de estos autores. El espectador que intente buscar un sentido a lo que está viendo o se le está narrando, se sentirá impotente e incluso ofendido. El film de Costa pretende que el espectador se pierda y se deje llevar por las sendas del laberíntico relato fantasmagórico al que es expuesto.

La historia recupera al protagonista de Juventude Em Marcha (2006), Ventura, inmigrante caboverdiano que trabaja en Lisboa como peón de albañil desde hace décadas y vive en el ficticio barrio chabolista de Fontainhas. Lo encontramos en un extraño hospital, vestido con un pijama y con un continuo temblor de manos. Nunca se nos revelará la enfermedad que padece, incluso no podemos asegurar a ciencia cierta si realmente lo que vemos es “real” o producto de la imaginación del propio personaje. Ventura deambula desorientado, perdido y en su tránsito mantiene encuentros con distintas personas, la más importante por su peso en el relato, Vitalina (Vitalina Varela), la viuda de un amigo suyo. Por medio de ceremoniosos y pausadas monólogos, fluye la comunicación entre los individuos y la historia narrada va tomando forma. Entonces, descubrimos la miserable vida que ha tenido Ventura y el profundo dolor de Vitalina por la muerte de su marido. Pero no solo eso, pues el film rememora acontecimientos de la Revolución de los Claveles de 1974 a través de los recueros de Ventura y pone de manifiesto la terrible crisis económica vivida en Portugal en el supuesto tiempo presente del relato, el año 2013. Mención aparte merece la larga secuencia desarrollada en un ascensor en el que el protagonista dialoga con un soldado fantasma y cuyo material, junto a las escenas del bosque, ha sido rescatado de su cortometraje Dulce exorcismo, uno de los cuatro capítulos del film Centro histórico (2012) firmado por Aki Kaurismaki, Víctor Erice, Manoel de Oliveira y el propio Costa que en ese contexto resultaba insólito e ininteligible.

Con Caballo Dinero, Pedro Costa sube un peldaño más en su evolución hacia un antinarrativo, antinaturalista, en el que la poesía y la épica le ganan la partida al relato. El montaje discontinuo y la luz expresionista, concentrada en los rostros de los personajes y que apenas nos deja ver más allá de las figuras, constituyen otras de las señas de identidad de su arriesgada apuesta formal. Su sello autoral, labrado durante tres décadas, alcanza con este film su cenit creativo. Sus imágenes conducen al espectador más abierto a nuevas experiencias hacia un paroxismo emocional difícil de alcanzar en el cine actual. La influencia de cineastas como Bresson o el tándem Straub-Huillet es notoriamente patente.

Sin embargo, no es una película que recomendaría a todo el mundo. Es más, si el espectador no está familiarizado con el cine del director portugués, sería más conveniente que comenzara con algún film anterior, pues el que nos ocupa puede resultarle ilegible y producirle cierto rechazo más o menos pronunciado. Quizás no consiga descifrar el subtexto tremendamente crítico sobre la situación de los inmigrantes de Cabo Verde o identificar las conexiones históricas que ofrece sobre la identidad nacional y se quede estupefacto ante un relato sin pies ni cabeza. Nada más lejos de la realidad. Caballo Dinero es una metáfora de nuestro tiempo, como nos dice el propio Ventura cuando cuenta que su caballo llamado Dinero ha sido devorado por los buitres.


9/10




Daniel Muñoz Ruiz

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