Translate

domingo, 11 de diciembre de 2016

Animales nocturnos (2016) de Tom Ford





El segundo largometraje del famoso diseñador de moda tejano Tom Ford está plagado de luces y sombras. Luces: su refinamiento estético es innegable y su dirección, tanto técnica como de actores, brillante. Sombras: el empleo de dos tramas paralelas, de ficción dentro de otra ficción, no se sostiene a pesar del esfuerzo por encontrar un equilibrio narrativo. Animales nocturnos adapta a la pantalla la novela del escritor americano Austin Wright titulada Tony and Susan. En el film de Ford, Susan (Amy Adams) es una empresaria de arte cuyo éxito profesional contrasta radicalmente con su fracaso personal. Un buen día, tras 19 años sin contacto alguno con su ex-marido Edward (Jake Gyllenhaal), recibe un paquete con su primera novela de inminente publicación y dedicada a ella. Comienza a leer y a partir de entonces la película se divide en dos historias paralelas, la ficción dentro de la ficción. Es ahí donde se gesta su punto flaco. La historia que relata la novela promete al principio pero se va desinflando por su excesiva previsibilidad y su torpe manejo del ritmo narrativo. En la novela de Edward, Tony (de nuevo,Gyllenhaal) vive el secuestro de su esposa e hijos y la posterior investigación y búsqueda, ayudado por el detective Andes (Michael Shannon). La venganza es el motor de esta ficción que tras un comienzo prometedor, propio del mejor cine de género negro, se va transformando en un relato más propio del peor Tarantino. A pesar de todo, la novela engancha a Susan, que sin duda se identifica con muchas de las situaciones escritas en papel, y la película va avanzando alternando el punto de vista narrativo y moviéndose en tres tiempos distintos: el presente de Susan, las analepsis que cuentan la relación pasada entre Edward y Susan y la propia ficción de la novela. A esas alturas, el film se disgrega demasiado y se disipan las intenciones y posibles emociones que quiera transmitir al espectador.

En la historia de Susan puede detectarse un subtexto de critica a la sociedad actual movida por la dictadura de la imagen pero dicha crítica resulta un poco naif y superficial. Realmente resulta difícil identificarse con los padecimientos de una pija acomodada como ocurre con algunos films de Sofia Coppola. El sentimiento de soledad es universal pero en el caso que nos ocupa resulta forzado y poco creíble. A fin de cuentas, la vida de Susan carece de mucho interés. Para suplirlo, el esfuerzo de Ford por dotar a sus imágenes de poderío visual es evidente, aunque en algunos momentos se acerque peligrosamente a la vacuidad. Asimismo, el gratuito uso de música para puntuar imágenes que no la necesitan, demuestra un barroquismo quizás no buscado pero sí encontrado.
Lo más destacable de Animales nocturnos son las interpretaciones de sus actores. Jake Gyllenhaal está convincente en su papel de mártir que ya hemos visto en otras películas que protagoniza. Debe ser uno de los primeros nombres que surgen en la cabeza de los directores de casting de Hollywood a la hora de contratar un protagonista que lo vaya a pasar mal. Quizás influya su dominio de las expresiones de sufrimiento y tristeza. Amy Adams brilla bastante más pero su personaje está algo desaprovechado. El mejor, sin duda, Michael Shannon, un actor de raza que lo borda cada vez que se mete en un personaje sin importar el registro del mismo. También merece una mención especial el trabajo del joven pero experimentado actor Aaron Taylor-Johnson dando vida a un violento redneck que por momentos resulta aterrador.

Concluyendo, el film de Tom Ford parece como esos perfumes de frascos muy bonitos a la vista, cuya fragancia resulta embriagadora al principio y empalagosa a medida que pasa el tiempo y el aroma persiste en el ambiente.


5/10



Daniel Muñoz Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario