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lunes, 19 de diciembre de 2016

Paterson (2016) de Jim Jarmusch




Paterson es un nombre propio que reúne tres acepciones distintas. Por un lado, es una ciudad del estado de Nueva Jersey, de unos ciento cincuenta mil habitantes, de carácter marcadamente industrial y conocida por el sobrenombre de Silk City, que hace referencia a su pasado como importante centro de producción de seda. Por otro lado, también es el nombre del protagonista de esta ficción, un engañosamente anodino conductor municipal de autobuses que combina su trabajo alimenticio con su gran pasión, escribir poesía. Y a estos dos significados se le añade otro: es el título de la última película del cineasta Jim Jarmusch.

Paterson (Adam Driver) lleva una vida tranquila, dedicada a su trabajo conduciendo un autobús urbano y a repetir con ligeros matices las mismas acciones durante los días laborables. Despertarse al lado de su chica, desayunar, trabajar, cenar, sacar al perro y tomarse una cerveza por la noche siempre en el mismo bar. A bote pronto todo esto puede dar la impresión de que el espectador va a caer irremediablemente en el aburrimiento pero ocurre totalmente lo contrario. Poco a poco, sin darnos cuenta, la película nos atrapa. Su delicado lirismo, sus hermosas imágenes, sus cómicas situaciones y sus entrañables personajes secundarios, como Marvin, el perro de la pareja, que da mucho juego y termina desempeñando un papel crucial en la trama, todo ello hace que queramos seguir acompañando a Paterson en su viaje existencial. El mundo interior del protagonista se despliega y expresa en sus composiciones poéticas cuyo estilo recuerda sobremanera a los poemas de William Carlos Williams, autor oriundo de la misma ciudad. Una lírica que presta atención a los detalles nimios de la vida cotidiana sin pretensiones épicas y que encuentra otro foco importante de inspiración en su novia Laura (Golshifteh Farahani), cuyo nombre coincide con la musa de Petrarca, su admirado poeta renacentista. Ella es su contrapunto total. Optimista, energética, impulsiva y poseedora de un marcado gusto estético que aplica a casi todo, desde las cortinas a la comida, Laura anima constantemente a Paterson para que publique sus poemas, para que haga partícipe al mundo de sus emocionales composiciones. Ambos forman una pareja muy bien avenida que se ama profundamente y se complementa a la perfección para enriquecer su existencia en un entorno a priori poco atractivo y estimulante.

La estructura narrativa que emplea Jarmusch divide la película en los días de la semana, de lunes a domingo, terminando la mañana del siguiente lunes que cierra el film. Los días se suceden con repeticiones y variaciones sutiles en unos casos, más evidentes en otros, recordando los métodos que utiliza el director surcoreano Hong Sang-soo, que desde aquí recomiendo fervientemente a quien esté leyendo estas líneas. Esta estructura configura una forma narrativa novedosa que inunda el relato de imágenes hipnóticas que parecen flotar y que introducen al espectador en esa realidad ensoñadora y probablemente algo utópica. El cineasta de Ohio, autor de notables films como Down by Law (1986), Noche en la Tierra (1991) o Ghost Dog (1999), alcanza su cenit creativo con Paterson, depuración de sus marcados rasgos de autor y posible punto de inflexión de su coherente obra cinematográfica hasta el momento.

Estamos ante una de las mejores películas del año. Paterson es en sí misma una poesía sobre los soñadores que no se resignan a llevar una vida monótona y grisácea. Un canto a la vida en el sentido más prosaico donde se pueden encontrar grietas para atravesarla y trascenderla. Una insólita joya cinematográfica que sin estridencias ni pretenciosidad, llega a remover las emociones del espectador desde sus cimientos. Conmigo, al menos, lo logró.


10/10



Daniel Muñoz Ruiz

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