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domingo, 24 de septiembre de 2017

Dunkerque (2017) de Christopher Nolan



El décimo largometraje del afamado director británico Christopher Nolan es una experiencia cinematográfica con todas sus letras, un fastuoso espectáculo para los sentidos. Su film recrea los acontecimientos sucedidos entre mayo y junio de 1940, mucho antes de la entrada de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, en los que tropas británicas, francesas y belgas quedaron acorraladas por el ejército nazi en las playas de la localidad de Dunkerque, situada junto al mar del Norte y muy cerca de la frontera con Bélgica. Para evitar la catástrofe total, el gobierno de las islas puso en marcha una operación de rescate por mar, llamada Operación Dinamo, en la que una ingente cantidad de embarcaciones de todo tipo incluyendo pequeños yates de recreo y barcos pesqueros cruzaron el Canal de la Mancha para evacuar a su ejército y a los aliados. El balance fue de más de trescientos mil soldados evacuados. Sin embargo, las pérdidas en infraestructura militar fueron muy importantes. Resultó una dura derrota que gracias al denominado Milagro de Dunkerque fue percibida como una victoria, haciendo así bueno el famoso dicho de Napoleón Bonaparte “una retirada a tiempo es una victoria”. Nolan es consciente de los hechos históricos pero su propuesta va más en la línea del puro espectáculo audiovisual que en la de una búsqueda de fidelidad a la Historia.

Rodada en su mayor parte con cámaras de formato Imax de 70 mm, Dunkerque es el claro ejemplo de una película que hay que ver en el cine, pues en una pantalla más pequeña, perdería gran parte de poderío audiovisual (no me imagino su visionado en una tablet, por ejemplo). Desde la primera escena, el sonido de los disparos del enemigo penetra en nuestra cabeza y convierte el relato en una experiencia inmersiva del horror y la supervivencia, haciendo de la identificación del espectador requisito indispensable para el disfrute del film. Una identificación e inmersión en el discurso fílmico de la que es muy difícil escapar. Aparte de la magnífica edición de imagen y sonido y de la monumental y omnipresente banda sonora compuesta por Hans Zimmer, el film de Nolan destaca por su manejo del tiempo narrativo, un rasgo de estilo que el director de Memento (2000) y Origen (2010) manipula muy bien. Partiendo de un relato sencillo, Nolan estructura su narración en tres partes que se pueden entender como el suceso visto desde tres ángulos distintos: tierra, mar y aire. Cada uno de ellos refleja una temporalidad limitada: una semana, un día y una hora; hasta que todos confluyen en un punto temporal que resulta el presente del relato y que supone el clímax del film. Igualmente, los distintos narradores corresponden con un reparto coral en el que encontramos caras conocidas como Tom Hardy, Kenneth Branagh, Mark Rylance o Cillian Murphy mezcladas con rostros de jóvenes actores como Fionn Whitehead, Jack Lowden, Tom Glynn-Carney o Aneurin Barnard. Sin embargo, el tono triunfalista que adopta el film se le escapa a Nolan de las manos en determinados momentos y al minimizar el papel del enemigo (no vemos el rostro de ningún nazi en toda la película) y de los franceses, representados por un único soldado que además es un impostor, puede llegar a causar cierto rechazo en el espectador poco acostumbrado a los relatos bélicos tan parciales. Un poco de contracampo de las imágenes del film seguramente lo hubieran enriquecido.

Prescindiendo de posibles lecturas políticas y metáforas que podamos interpretar sobre el texto que plantea Nolan, Dunkerque se erige como una gran obra de arte audiovisual dispuesta a apabullar a los que se acerquen a ella con los ojos y los oídos en buena disposición para vivir una gran experiencia inmersiva sin preocuparse mucho por la reconstrucción de los hechos históricos. Cine en estado puro.


8/10



Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 27 de enero de 2017

Toni Erdmann (2016) de Maren Ade



Resulta poco frecuente que una película de más de dos horas y media de duración no se torne pesada y repetitiva, creando en el espectador el deseo de que termine de una vez por todas. Esto se debe fundamentalmente a la estandarización de la duración de los largometrajes comerciales, que oscila normalmente entre la hora y media y las dos horas. El público en general no suele soportar metrajes excesivos, a menos que se trate de films de acción con montajes muy agitados que no dan tiempo a reflexionar sobre lo que se está contemplando en la pantalla. Toni Erdmann, tercer largometraje de la directora alemana perteneciente a la Escuela de Berlín Maren Ade, consta de 162 minutos de los cuales ninguno de ellos es prescindible. Winfried (Peter Simonischek) es un profesor divorciado que vive con la única compañía de su perro Willi. Tiene una hija, Ines (Sandra Hüller) a la que no ve mucho porque trabaja en el extranjero. A pesar de la solitaria vida que lleva, Winfried posee un agudo sentido del humor que queda patente ya en los primeros minutos, que sirven para presentar al personaje. Ines, en cambio, es una mujer de carácter serio, pragmática y poco dada a extravagancias. Su trabajo como consultora de una empresa petrolífera la absorbe casi completamente, dejando poco tiempo para su vida personal, hecho que le provoca una cierta infelicidad e insatisfacción, aunque constantemente intente negarlo tanto a sí misma como a los demás. Winfred no es indiferente al estado de ánimo de su hija y de manera repentina, se planta en Bucarest, ciudad donde ella trabaja, con la firme intención de animarla. El primer intento fracasa, pero lejos de tirar la toalla, Winfried se inventa un alter ego, Toni Erdmann, singular personaje disfrazado con una ridícula peluca y una dentadura postiza. Su primera aparición dará un vuelco total al relato, que adquirirá una especial profundidad emotiva.

El guión de la película es genial. Toni Erdmann no deja de sorprendernos gracias a sus giros imprevisibles, sus variaciones de tono y las insólitas y absurdas (en el buen sentido) situaciones que viven sus personajes protagonistas. La directora de Entre nosotros (2009) dosifica con la precisión de un cirujano el ritmo del relato, huyendo de recursos fáciles y lanzándose al vacío con una convicción tan férrea que logra meterse en el bolsillo al espectador, provocándole sonoras carcajadas y momentos de desazón y amargura según la escena que presencie. La puesta en escena es sobria y algo academicista, pero estas características juegan a favor de obra, pues si por algo sobresale el film es por la maravillosa historia que narra y por las excelentes interpretaciones de los actores protagonistas. La buena química entre Simonischek y Hüller es indiscutible y demuestra una acertada dirección de actores por parte de Maren Ade. Ante esto, solo nos queda amar profundamente a Ines y Winfried.

Toni Erdmann es una película agridulce, conmovedora, de esas que tras su visionado sales del cine con la sensación de que algo ha cambiado en tu interior. El análisis de la siempre dificultosa relación paternofilial es tratada con grandes dosis de ternura pero sin caer en el sentimentalismo ni en la lágrima fácil, como se puede comprobar a lo largo de todo el film y especialmente en su desenlace. Para el recuerdo nos queda también la memorable situación cómica del cumpleaños de Ines en su piso de Bucarest, una cómica escena de desnudos que con toda seguridad quedará grabada en la memoria del espectador. Una película grande, muy grande.


10/10



Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 14 de enero de 2017

Comanchería (2016) de David Mackenzie



Ejemplo arquetípico del western moderno, Comanchería (Hell or High Water) comienza con un vigoroso plano secuencia que muestra el paisaje urbano de un pequeño pueblo del oeste de Texas, donde podemos observar algunas casas embargadas y locales de negocios con carteles de “se vende” colgados de sus fachadas, mientras una empleada se dispone a abrir una modesta sucursal de un banco regional. También se puede leer una pintada que reza: “3 tours in iraq but no bailout for people like us” , que podríamos traducir como “3 veces en Irak y no hay dinero para la gente como nosotros”, claro mensaje reivindicativo del soldado americano olvidado por su gobierno al finalizar los conflictos bélicos y regresar a su país. Justo cuando la mujer abre la puerta, dos individuos enmascarados la abordan y la introducen violentamente en el interior de la oficina. Son los hermanos Howard, Tanner (Ben Foster) y Toby (Chris Pine), dos representantes de la clase social más castigada por la crisis económica vivida en Estados Unidos recientemente y cuyas consecuencias quedan patentes en la trama principal del film. Toby es un padre divorciado que nunca se ha metido en problemas pero que decide lanzarse hacia una vertiginosa escalada delictiva con el fin de salvar el rancho familiar, expropiado por el banco al no poder hacer frente a la hipoteca, y así poder darle un futuro a sus dos vástagos, algo que a él no le han proporcionado. Tanner, al contrario que su hermano, es un violento e irreflexivo ex convicto marcado por los malos tratos y que en el pasado mató a su padre en un improbable accidente de caza. De esta forma, comienza un relato que hemos visto mil veces representado en el cine, ladrones y policías, perseguidos y perseguidores, pero que no por su repetición pierde vigencia e interés.

Asentado en una férrea estructura, sin ninguna fisura importante y con alma de clásico, el guion es obra de Taylor Sheridan, responsable del libreto de la monumental Sicario (Denis Villeneuve, 2015) y desprende un aroma a cine negro sin dejar de ser esencialmente un western. La dirección del escocés David Mackenzie, de cuya obra solamente conocía hasta el momento dos interesantes films como Hallam Foe (2007) y el más reciente, Convicto (Starred Up, 2013), se revela enérgica y sin apenas concesiones a la relajada contemplación de las imágenes. Su manera de filmar las secuencias de acción sin editar en exceso y su preferencia por los planos abiertos como recurso expresivo, constituyen los dos pilares fundamentales en los que se cimienta su puesta en escena y estilo narrativo.

Las interpretaciones de los actores son bastante acertadas. Tanto Pine como Foster convencen es sus papeles de bandidos antisistema y logran atrapar la complicidad del espectador, que justifica sus acciones durante la primera parte del film. Sin embargo, la actuación más destacable es la de Jeff Bridges en su rol de ranger de Texas grosero y brusco cuyos desencuentros con su compañero son, sin embargo, pura fachada que oculta su sensible sentido de la lealtad y la camaradería. La banda sonora, obra de Nick Cave y Warren Ellis, transmite a la perfección esa emoción desesperada de desarraigo y una melancolía propia del género de cowboys, y en la que destacan los violines y el piano. Igualmente, la selección de temas musicales, genuinamente americanos, pone en situación al espectador y le acompaña en su viaje por los áridos e inhóspitos paisajes y caminos por los que discurren los protagonistas del relato. Paisajes, tanto urbanos como agrestes, delicadamente retratados por la elegante dirección de fotografía obra de Giles Nuttgens.

En definitiva, Comanchería es un más que notable thriller con intenso sabor a western y claro mensaje social y crítico contra el feroz capitalismo financiero que ha ha asestado un golpe de gracia a la clase media, empobreciendo a la mayoría de la población, dejándola en muchos casos sin recursos, y en beneficio de las grandes corporaciones. No me parece aventurado decir que el film es una especie de cruce entra Las uvas de la ira (1940) de John Ford, los salvajes western de Sam Peckinpah y el cine de los hermanos Coen.


8/10



Daniel Muñoz Ruiz 

miércoles, 4 de enero de 2017

Las mejores películas estrenadas en España en 2016 (de las que he visto)







(1) Carol de Todd Haynes
(2) Paterson de Jim Jarmusch
(3) El hijo de Saúl de László Nemes
(4) Elle de Paul Verhoeven
(5) Ahora sí, antes no de Hong Sang-soo
(6) Todos queremos algo de Richard Linklater
(7) Caballo dinero de Pedro Costa
(8) Más allá de las montañas de Jia Zhang Ke
(9) Spotlight de Thomas McCarthy
(10) Dos buenos tipos de Shane Black
(11) Cemetery of Splendour de Apichatpong Weerasethakul
(12) El extraño de Na Hong-jin
(13) La juventud de Paolo Sorrentino
(14) Captain Fantastic de Matt Ross
(15) La academia de las musas de José Luis Guerín