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viernes, 27 de enero de 2017

Toni Erdmann (2016) de Maren Ade



Resulta poco frecuente que una película de más de dos horas y media de duración no se torne pesada y repetitiva, creando en el espectador el deseo de que termine de una vez por todas. Esto se debe fundamentalmente a la estandarización de la duración de los largometrajes comerciales, que oscila normalmente entre la hora y media y las dos horas. El público en general no suele soportar metrajes excesivos, a menos que se trate de films de acción con montajes muy agitados que no dan tiempo a reflexionar sobre lo que se está contemplando en la pantalla. Toni Erdmann, tercer largometraje de la directora alemana perteneciente a la Escuela de Berlín Maren Ade, consta de 162 minutos de los cuales ninguno de ellos es prescindible. Winfried (Peter Simonischek) es un profesor divorciado que vive con la única compañía de su perro Willi. Tiene una hija, Ines (Sandra Hüller) a la que no ve mucho porque trabaja en el extranjero. A pesar de la solitaria vida que lleva, Winfried posee un agudo sentido del humor que queda patente ya en los primeros minutos, que sirven para presentar al personaje. Ines, en cambio, es una mujer de carácter serio, pragmática y poco dada a extravagancias. Su trabajo como consultora de una empresa petrolífera la absorbe casi completamente, dejando poco tiempo para su vida personal, hecho que le provoca una cierta infelicidad e insatisfacción, aunque constantemente intente negarlo tanto a sí misma como a los demás. Winfred no es indiferente al estado de ánimo de su hija y de manera repentina, se planta en Bucarest, ciudad donde ella trabaja, con la firme intención de animarla. El primer intento fracasa, pero lejos de tirar la toalla, Winfried se inventa un alter ego, Toni Erdmann, singular personaje disfrazado con una ridícula peluca y una dentadura postiza. Su primera aparición dará un vuelco total al relato, que adquirirá una especial profundidad emotiva.

El guión de la película es genial. Toni Erdmann no deja de sorprendernos gracias a sus giros imprevisibles, sus variaciones de tono y las insólitas y absurdas (en el buen sentido) situaciones que viven sus personajes protagonistas. La directora de Entre nosotros (2009) dosifica con la precisión de un cirujano el ritmo del relato, huyendo de recursos fáciles y lanzándose al vacío con una convicción tan férrea que logra meterse en el bolsillo al espectador, provocándole sonoras carcajadas y momentos de desazón y amargura según la escena que presencie. La puesta en escena es sobria y algo academicista, pero estas características juegan a favor de obra, pues si por algo sobresale el film es por la maravillosa historia que narra y por las excelentes interpretaciones de los actores protagonistas. La buena química entre Simonischek y Hüller es indiscutible y demuestra una acertada dirección de actores por parte de Maren Ade. Ante esto, solo nos queda amar profundamente a Ines y Winfried.

Toni Erdmann es una película agridulce, conmovedora, de esas que tras su visionado sales del cine con la sensación de que algo ha cambiado en tu interior. El análisis de la siempre dificultosa relación paternofilial es tratada con grandes dosis de ternura pero sin caer en el sentimentalismo ni en la lágrima fácil, como se puede comprobar a lo largo de todo el film y especialmente en su desenlace. Para el recuerdo nos queda también la memorable situación cómica del cumpleaños de Ines en su piso de Bucarest, una cómica escena de desnudos que con toda seguridad quedará grabada en la memoria del espectador. Una película grande, muy grande.


10/10



Daniel Muñoz Ruiz

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